jueves, noviembre 13, 2008

Vivir en la Del Valle

Autor: Arturo Díaz Belmont

Esta noche nos convoca una exposición de fotografía que reúne 20 miradas sobre una extensión urbana que representa para la historia de la Ciudad de México un paso decisivo para su modernización. 20 fotógrafos de diversa formación (la mayoría profesionistas), que se organizan en horarios a veces contrapuestos a lo que sería un plácido paseo fotográfico dominguero. Estancia y recorrido por plazas, jardines, iglesias, calles e hitos urbanos de la segunda modernidad arquitectónica del S. XX.

Es admirable su entusiasmo y labor documental en estos tiempos hipermodernos donde la vida transcurre mas frente a la computadora que a las pantallas de televisión, sin menosprecio de las posibilidades de información y comunicación de estos medios visuales casi imprescindibles en el sector de la población que, para evitar incómodas clasificaciones denominamos: clase media.

Como medio visual moderno la fotografía se ha hipermodenizado también, pero no ha dejado de ser un recurso documental desde hace mas de un siglo: moda, movimientos sociales, política, tecnología y arte. La foto digital nos torna asequible un recurso que se antojaba hasta no hace mas de 30 años, parte alquimia y parte una profesión respetable y específica. La inclusión de la tecnología digital y la nanotecnología nos han popularizado este medio.
Pero no quiero abundar sobre el tema fotográfico en tanto desarrollo, quiero recuperar el valor documental que socialmente conlleva. Crónica urbana, registro de la memoria que según teóricos posmodernos es un presente permanente. Pero a la distancia de 6 o más décadas ese presente aparece redimensionado. Esto implica un valioso documento que contrastado o complementado con nuestra memoria urbana produce en diversos niveles de intensidad emociones, sorpresas y nostalgias dependiendo de nuestra capacidad de indagación o recuerdos. Agradezco el gesto de los promotores de este evento para invitarme un honor inmerecido pero a la vez el pretexto para indagar en la dimensión evocadora, en este caso la personal, pues crecí en esa colonia.

Llegué al Centro Urbano Miguel Alemán en 1953, mis padres buscaban mejorar su calidad de vida, el concepto de modernidad urbano arquitectónica que ofrecía el flamante desarrollo de Mario Pani era digno de admiración, accesibilidad a servicios centralizados, comunicaciones, educación, cultura, recreación, etc. Era la consecuencia de un proyecto nacional, aspiración genuina a la movilidad social, me inscribieron en la guardería infantil del CUPA, estudié en la primaria CUPA, mi infancia fue de niño moderno, vivir en el multi era eso, era ser moderno, no hacia falta nada, mas que vivir y disfrutar, si en alguna vivienda no tenían televisor, en las canchas del multi se instaló una tele que era la delicia de los chavos y se generó un espacio sociópeto. Nadé en sus 2 albercas sin techo, acompañado de la música ambiental de Ray Coniff, Les Elgart, Elvis Presley, los Locos del Ritmo y la Sonora Santanera, mis padres, tíos o parientes, nos levaban los domingos a la vieja iglesia provisional de Adolfo Prieto y Parroquia.

En mis aventuras extra muros me percaté poco a poco que el multi se había insertado entre los pueblos de Tlacoquemecatl, Actipan y Santa Cruz Atoyac, pues algunos de mis compañeritos de la primaria eran de estos lugares, todo era nuevo, no había mercados en un perímetro muy amplio, había Supermercado, no había tianguis, las ferias de pueblo se instalaban en una milpa-llano denominado Zaragoza en Félix Cuevas entre Gabriel Mancera y Amores, ahora es un parque público, me tocó presenciar la construcción del Aurrerá a finales de los 50’s principios de los 60’s, el ascenso a la popularidad de Don Polo y su localito de jugos y tortas bajo las escaleras del edificio A, la construcción del Hospital 20 de Noviembre, la llegada de los primeros Volskwagen y llevarse de a pellizco de pulguita cada vez que aparecía frente a nuestra vista esa rareza de carro, las transmisiones televisadas de lanzamientos espaciales con Zabludowsky y Ferríz, la construcción del Autocinema del Valle donde actualmente se localizan el Bancomer y Plaza Coyoacán, eso era vivir la modernidad, un futuro promisorio: Próximamente se construirá aquí un Puerto de Liverpool, rezaba un letrero muy bien trazado en la barda Arana al finalizar Félix Cuevas.

Pero también se reconfiguraban los pueblos y barrios aledaños, la influencia modernizadora irradió hacia los cuatro puntos cardinales, se acabaron las tabiqueras de la Nápoles y se estrenó el parque Luis G. Urbina; Santa Cruz Atoyac y Tlacoquemécatl perdieron su calidad de pueblos ante la acometida de avenidas y años después ejes viales, rutas por donde los taxis, autobuses urbanos, tranvías, trolebuses y autos particulares propiciaron que esos bucólicos pueblos pasaran de ser Lugares a No lugares.

Por la Del Valle circulaban y cruzaban sus avenidas para comunicarse a todos lados: los Colonia del Valle-Coyoacán, los Roma - Piedad, los Coyoacán 20 de Noviembre (donde trabajaba mi padrino), los General Anaya - la Magdalena - Contreras y anexas (donde trabajaban mis tíos), los Roma - Narvarte - Valle, los Mariscal Sucre, los Xochimilco -Chapultepec…viajé de mosca en tranvía y trolebús.

Seguí frecuentando a mis cuates de la infancia en el CUPA hasta mediados de los 60’s pero mi familia nos trasladó a Narvarte y posteriormente a la Hipódromo - Condesa. La cercanía de estas colonias y de la Nápoles era una tentación para ir de vez en cuando al cine Continental después de una buena comida en el restaurante campestre Torino donde ahora está la torre de Mexicana, las avenidas como Xola y Cuauhtemoc tenían camellones y palmeras y el parque Mariscal Sucre era un espacio mucho más amplio. La incontenible modernización de los ejes viales hizo perder algunas de las características residenciales de avenidas como Eugenia, San Antonio y en avenida Coyoacán encontraba uno quintas residenciales. La demanda de servicios como escuelas y vivienda reconfiguró la calle de Ángel Urraza.

Este recuento nostálgico va encaminado de alguna manera a reforzar la importancia del fotógrafo y su quehacer como documentadores del cambio permanente, de esa modernización incesante, toca ahora a la colonia del Valle, pero la tarea es interminable e inmensa, la recuperación de la memoria urbana permite a las sociedades apreciar, valorar y en el caso extremo, defender de la incuria y la barbarie de especuladores urbanos insaciables y algunos políticos metidos a urbanistas.

Saludo a mis colegas fotógrafos de todo tipo, formato y tendencia, saludo esta segunda exposición colectiva en el Café de la Selva y deseo que su noble labor sea difundida apreciada y respetada.

Buenas noches.

Leído el 7 de Noviembre de 2008.

4 comentarios:

::júbilo::haku:: dijo...

y se escuchan los aplausos!

Altamar dijo...

gracias por compartir Monster, no estuve, pero lo le'i con calma y un champurrado de avena con chocolate y los disfrute mucho (el texto y el champurrado).

Jorge González dijo...

Me recomendaron mucho leer este texto.. y finalmente dí con el. Realmente una breve bitácora de tiempos pasados pero bien vividos. Me agradó bastante.

Belmoniaco dijo...

@jubilo: gracias...
@Altamar: yeah..champurrado!
@Jorge: Saludos...Un abrazo!