El carácter de este comentario no pretende descalificar, vituperar o adular al maestro quien tiene ganado por derecho propio un lugar en la historia de la arquitectura. Simplemente intenta saludar la presencia de su obra que finalmente cierra un ciclo de medio siglo desde el momento que Armando Franco, Enrique Molinar y el propio Teodoro –ganadores del concurso de proyectos en la Escuela Nacional de Arquitectura– fueron reemplazados por el equipo de Enrique del Moral y Mario Pani en la coordinación de un equipo de casi 200 profesionistas para el diseño del conjunto urbano más importante de la arquitectura mexicana en el siglo XX.
En el mejor de los casos la perspectiva histórica será la que sirva de hilo conductor para ubicar el Museo Universitario de Arte Contemporáneo como afortunado cierre de una relación entre la UNAM y uno de sus egresados más prominentes.
No soy crítico de arquitectura, soy observador atento a su obra como artista, arquitecto, académico y como lo dijera Octavio Paz: aficionado a la historia.
Cuando en 1994 cursé la maestría de Arte Urbano desde el primer día de clases en el seminario de arte urbano se me planteó un problema ontológico y en ese problema estaba una obra de Teodoro El jardín Rufino Tamayo. ¿Era esta obra simple arquitectura? o ¿se trataba de una obra de arte urbano? Esa era mi pregunta y me llevó a escribir un capítulo de mi tesis para responderla.
A partir de ese momento me dediqué a investigar sus obras y conocer su biografía. Tuve contacto personal con él y hasta me autografió un ejemplar de Retrato de arquitecto con ciudad, me dió un fuerte abrazo con los ojos vidriosos de emoción y una palmada memorable en el hombro cuando le pedí el autógrafo después de comentarle que utilizaba –y lo sigo haciendo– sus textos para mis clases en la Universidad y en la EDINBA.
Años después tuve otro encuentro al témino de una conferencia dictada por él donde mostró por vez primera los proyectos del mencionado concurso de diseño urbano para Ciudad Universiatria, mostró el de Mario Pani, también el de Enrique del Moral, en ese encuentro le pedí que me aclarara cómo había obtenido la beca de 18 meses del Instituto Francés de América Latina, y si ésta era producto de alguna gestión compensatoria por el plagio del proyecto de CU.
Se molestó y me dándome la espalda alcanzó a farfullar que él mismo la había gestionado, su rostro se descompuso, tomó del brazo a Felipe Leal (en ese momento director de la Facultad de Arquitectura) y se bajó del estrado, no respondió más preguntas.
En ese momento yo tenía la idea de que la beca del IFAL era una catafixia, un premio de consolación, nunca más volví a tocar el punto; me lo volví a encontrar en 2004 en la Sala Nezahualcóyotl, ahí lo felicité por los primeros 50 años de Ciudad Universiatria, correspondió a mi saludo con una sonrisa.
No puedo decir más en cuanto a su personalidad y carácter, no soy quién para juzgarle. Lo que si puedo decir es que le admiro y le respeto por ser "el último de los modernos"


2 comentarios:
un favor,,
tienes en correo de luis montamayor
saludosss
desde hermosillo Sonora
Luis Gutierrez
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@punkyto:
Lamentablemete NO TENGO la direccion. Tal vez le puedas escribir un Flickr mail en su photo stream.
Saludos hasta Sonora
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