miércoles, febrero 15, 2012

Sobre la autoría de las torres de Ciudad Satélite

Entrevista a Fernando González Gortázar, sesión final de la cátedra extraordinaria Federico E. Mariscal, Facultad de Arquitectura UNAM. 26 de Octubre, 2000.


Arturo Díaz Belmont: –Hace unos 9 años publicaste una conversación con el Arq. Ignacio Díaz Morales acerca de Luis Barragán. Uno de los tópicos que no me quedan precisos es el motivo de distanciamiento entre Barragán y Goeritz, Díaz Morales menciona en la conversación sostenida contigo como causantes del pleito a los amigos de ambos y algunos periodistas que "hacen cosas que les gustan mucho", a cuarenta y tantos años de distancia del asunto, quisiera que comentaras o ampliaras lo que sabes de aquella conversación que no es lo suficientemente clara para el público joven o no especializado, quizá en el momento de la conversación para ustedes lo comentado era suficiente pero, ¿qué pasó?


Fernando González Gortázar: –Bueno, para mí Díaz Morales era como un segundo o tercer padre, y Luis Barragán y Mathias Goeritz…los tres son mis padres.



Cuando se estaban preparando los eventos de la Olimpiada Cultural yo acababa de regresar de París después de una larga estancia allá; empecé a enterarme de que Luis y Mathias se habían peleado de una manera brutal, yo me sentía extraordinariamente desconcertado, hablé con ambos y el motivo aparente era las Torres de Ciudad Satélite, Luis se quejaba de que Mathias era un hombre con un talento increíble para la autopromoción y con contactos internacionales que en ese momento Luis no tenía, lo había ido marginando y lo demostraba con una serie de publicaciones promovidas por Mathias en las que, recién inauguradas las Torres de Satélite firmaban como coautores en igualdad de circunstancias: Luis Barragán y Mathias Goeritz; luego empezó a ser: Mathias Goeritz y Luis Barragán y luego: Matías Goeritz escultor, Luis Barragán arquitecto paisajista; que como Luis decía: Es una obra en la que no hay paisaje, puedes hablar de arquitecto de paisaje como si dijera cirujano dentista –nada que ver–.



Por otra parte Mathias decía: Que no era asunto de él, que era asunto de los publicistas, de la gente que publicaba sus obras en revistas o libros y que como lo conocían a él mejor que a Barragán ellos son los que tomaron esa decisión, lo cual en el hecho de estar metido el nombre de Mario Pani que realmente fue única y exclusivamente cliente de la obra, muy meritoria, todo cliente audaz es digno de ser aplaudido, ese fue el papel de Mario Pani: el de ser un cliente que invitó a Luis Barragán a que hiciera algo y Luis a su vez invitó a Mathias a que se asociara con él.

Bien, Luis decía que él había tenido la idea.

Yo lo que quería saber era quién había tenido la idea "la luz primera" la idea de los rascacielos monolíticos, no si eran cinco o cuatro, no si eran cuadradas o triangulares, ni de cuáles colores las habían pintado, sino la idea del rascacielos monolítico y Luis me respondió que él había tenido –lo cual está demostrado– la idea de las Torres de San Giminiano en la Toscana italiana y desde muchos años atrás.

Mathias a su vez decía que en su obra había antecedentes claros que presagiaban las Torres de Ciudad Satélite.

Pensando en alguien imparcial que me pudiera aclarar las cosas fui a ver a Chucho Reyes Ferreira.

(Aunque no son abundantes, tampoco son tan escasos los ejemplos de autores que en una época de su vida trabajaron juntos y cuya obra se vuelve prácticamente indistinguible la de uno y la del otro y en la que se pierden las barreras entre el uno y el otro. No es un caso excepcional, recuerden ustedes en un momento dado, al inicio del cubismo cómo la obra de Picasso y de Braque prácticamente son idénticas o en otra época la obra escultórica de Henry Moore y Barbara Hepworth, otro caso muy similar).

Lo bonito de lo que aquí pasó con el equipo Barragán-Goeritz-Reyes Ferreira, es que de verdad eran tres amigos íntimos que iban soltando ideas y nadie las firmaba, y cuando algo nace así, me parece absolutamente inválido que después alguien quiera decir: -Los otros no fueron, fui yo-.

También es frecuente –incluso en el centro del espacio escultórico– uno de los coautores hubo un momento que dijo: -los demás son prestanombres y la obra es mía-. Eso no me parece moralmente válido, si al inicio se firmó de una manera, las cosas tienen que seguir siendo como se resolvieron en ese momento.

Fuí con Chucho Reyes y le dije: –¿Quién tuvo la idea de las Torres de Satélite?

Y me dijo: – Yo.

A Luisito –por que así le decía– le encargó Mario Pani que proyectara algo, y Luis al principio quería hacer una fuente pero no estaba seguro, e invitó a Mathias y no tenían ni idea de qué hacer, y todas las noches venían a mi casa y platicábamos y le dábamos vueltas y nos pasábamos aquí las horas…y un día después de que se fueron me puse a leer una revista LIFE en español (era una revista muy grande, básicamente fotográfica, muy famosa en su época) y encontré una fotografía de Nueva York en el crepúsculo en la que únicamente se veían siluetas de rascacielos y entonces cogí 'gouache' y pincel y me puse a tapar lo que no me gustaba y al día siguiente cuando llegaron les dije: ¿Por qué no hacen esto?

Me siento muy tentado a creer que es una versión real, Chucho Reyes estaba más allá del bien y del mal, tenía algo así como 94 años, a los 91 años hizo su primer viaje a Europa y a los 93 su primera exposición en Barcelona –su primera exposición fuera de México–. Era realmente un fenómeno y era como el Rey Midas: todo lo que tocaba lo convertía en oro, era un hombre de una infalibilidad para mirar, me siento tentado a creer que así fue.

El pleito entre Luis y Mathias fue excesivo en mi opinión, llegó al extremo de que Mathias le cambió el nombre a su hijo para ponerle Daniel –se llamaba Luis– y Luis fue su padrino, a ese nivel se movieron las cosas.

Transcripción de la cinta de audio: A.D.Belmont. Febrero de 2012

miércoles, noviembre 16, 2011

EL AMOR…

He dicho veinte mi veces que: Si uno se merece algo, eso NO es AMOR, el AMOR siempre es inmerecido, el AMOR es que le quieran a uno NO por lo que merece sino por AMOR. Entonces el AMOR nunca es merecido, pero NO es por hacer méritos por lo que uno es amado.
Ése es el misterio del AMOR.

Tomás Segovia.

domingo, noviembre 06, 2011

luvanpain

luvanpain by Belmoniaco
luvanpain, a photo by Belmoniaco on Flickr.

Retomo la vieja idea con mis propias fotos…

sábado, octubre 22, 2011

miércoles, julio 13, 2011

Mañana es la única utopía
Frecuentemente me preguntan que cuántos años tengo...
¡Qué importa eso!
Tengo la edad que quiero y siento.
La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso.
Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido.
Tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la
convicción de mis deseos.
¡Qué importa cuántos años tengo!
No quiero pensar en ello.
Unos dicen que ya soy viejo y otros que estoy en el apogeo.
Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo
que mi corazón siente y mi cerebro dicte.
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer
lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos
y atesorar éxitos.
Ahora no tienen por qué decir: Eres muy joven, no lo lograrás.
Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero
con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños se empiezan a acariciar con los dedos, y las ilusiones
se convierten en esperanza.
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse
en el fuego de una pasión deseada.
Y otras en un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar, pues
mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino
derramé al ver mis ilusiones rotas... valen mucho más que eso.
¡Qué importa si cumplo veinte, cuarenta, o sesenta!
Lo que importa es la edad que siento.
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos.
Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida
y la fuerza de mis anhelos.
¿Qué cuantos años tengo? ¡Eso a quién le importa!
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento.
José Saramago

viernes, julio 01, 2011

UN FENÓMENO LLAMADO COMPUTADORA (1994)

DE LO ANÁLOGO A LO DIGITAL
VERSION 3.0*
Por ARTURO ALFONSO DÍAZ BELMONT** ®

*Texto editado, de la conferencia inaugural para el Diplomados en Medios Computarizados para el Diseño, efectuado en la Unidad de Posgrado y de Educación Contínua de la Escuela de Diseño del INBA septiembre de 1994

Yo me negaba en un principio a trabajar con ella, la rechazaba, y la consideraba un objeto suntuario, propio de un contador, un administrador o un físico-matemático, que ese artefacto nunca tendría que ver conmigo como profesionista de la arquitectura, ni en mi vida posterior como profesor de diseño y artes visuales, pero ese rechazo, era debido a mi proceso formativo pre-moderno, de hace ya treinta años. Juzguen ustedes.
En la vocacional donde yo estudié (1967/68), como parte de las actividades en el laboratorio de física me enseñaron a manejar la regla de cálculo, a memorizar cuánto era la raíz cuadrada de tales o cuales números; las fórmulas de las ecuaciones, o los logaritmos, me recordaban el catecismo cristiano del Padre Ripalda, una especie de letanía que debías responder atinadamente sin objetar el dogma de fe, un método didáctico a base de preguntas y respuestas: P:¿Cuántos dioses hay? R:Sólo existe un Dios verdadero. P:¿Raíz cuadrada de dos? R: 1.41421 P: ¿Raíz cuadrada de tres? R:1.73205. Reprobé matemáticas por que lo que menos comprendía era la trigonometría, hasta que se me imaginó que las funciones trigonométricas tenían que ver análogamente con la anatomía humana, no sólo con las mediciones angulares en los triángulos; después me atreví a decirlo directo: En lo que más me gusta pensar es en la cotangente de las mujeres; o más directo: en sus funciones inversas... jamás se me olvidaron. El aprendizaje memorista tenía finalmente algún significado.
Eran tiempos de fantasías de adolescente, me tenía que conformar con los recursos y apoyos para estudiar que estaban a mi alcance, pero quién diablos me iba a decir que mis fantasías y necesidades prácticas de objetos que hicieran menos ominoso el proceso de responder como buen estudiante a los requerimientos de mis profesores, se iban a convertir en objetos tan cotidianos en nuestros días, gracias al desarrollo de la ciencia y la tecnología aplicadas.

Yo sufría en los exámenes, me imaginaba... si pudiera tener una minúscula grabadora conectada directamente a mis orejas que me fuera diciendo a manera de acordeón las fórmulas de las materias que eran el coco de todos, acuadrada por b cuadrada igual a... , y además contar con una maquinita que me evitara el engorroso proceso de tabulación y graficación de las ecuaciones de segundo grado, las parábolas, las hipérbolas, las secciones cónicas; nunca pude en aquellos tiempos siquiera imaginarme cómo sería una ecuación de tercer grado ni su posible aplicación. Deseaba también tener unos anteojos de “espejito” para que la maestra de literatura universal o el profesor de filosofía no pudieran percatarse de mi interés por las respuestas de mis compañeros a los lados en los exámenes.

La geometría descriptiva, el dibujo técnico, el grafos, el tiralíneas, las letras del manual del Speedball, los conos y las plantillas, los aprendí a usar dolorosamente, hacer las láminas significaba: noches cortas, fines de semana largos, encerrado en casa dibujando en la mesa del comedor, y mi profesor era un... especialista en láminas calcadas, detectaba el mínimo error y... a repetirlas.

Llegué a sentir la necesidad de encontrar una forma de hacerlas más rápidamente, calcarlas no tenía caso, pues era igual de tardadado, obvio resultaba que no se podían fotocopiar, pues los costos de una fotostática eran inaccesibles para un chavo de quince años, la razón: por cada copia se tenía que obtener un negativo fotográfico, los otros sistemas de reproducción de documentos que conocía y que aún se siguen utilizando eran: la heliográfica y el mimeógrafo, impensables de utilizar para mis finalidades escolares por varias razones: el horrible color violeta de genciana del papel de las heliográficas aparte del nauseabundo olor de amoníaco con el que se procesa y, en el caso de la mimeografía, lo frágil del sténcil y el papel tan corriente con el que imprimen las copias. Yo sólo necesitaba una copia impresa en papel universal para dibujo.
Pocos años después llegó la fotocopiadora y ahora el sistema láser y lo que era la más loca fantasía: en color, ¡ah!... Y por supuesto que ahora te imprimen en una variedad amplia de papeles, los únicos que no se pueden copiar son los billetes, recordemos el caso de unos chavos que quisieron pasarse de vivos y pusieron a circular panchólares de a cien, al principio todo les fue bien hasta que comenzaron a pagar con más de un billete, cometieron el pequeño error de no cambiar el número de serie del mismo billete que reprodujeron “n” veces. Lo peor para mí no era dibujar, sino rotular los dibujos de las láminas, ahí era lo crítico, uno se la pasaba buena parte de la noche echando rayas y posteriormente venía como último obstáculo a superar, el no ensuciar los dibujos con las impredecibles plumillas, no se permitían borrones y enmendaduras, se quedó para siempre grabado en mí aquello que sentenciaba mi abuelo, (también maestro de artes plásticas): “Los letreros no se escriben, se dibujan”.
Yo me preguntaba en mis horas de soledad en la madrugada: ...si pudiese existir un aparato que me dibujara bien las letras de la lámina; un par de años después mi hermana mayor me compró en el Monte de Piedad un Leroy. Era la envidia de mis cuates y algunos maestros, me aprendí los secretos del espaciamiento a ojo, me compré un achaparrador y mariposa. Cualquier chambita de letreros me daba para mis pasajes y chuchulucos, no necesito hablarles de las innovaciones en materia de tipografía para computación: ustedes las conocen seguramente mucho mejor que yo, aunque con este programa me puedo confeccionar el letrero que se me antoje seleccionando la fuente que yo quiera entre las 45 que he juntado, el cuerpo que yo quiera en un rango que va de los cuatro a los 255 puntos, no se diga del fontographer.
Para 1969 ya estaba inscrito en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura, tenía un profesor de topografía que no permitía el uso de reglas de cálculo, ni siquiera conocíamos las calculadoras electrónicas, sin embargo en el primer despacho donde yo trabajaba, había dos tipos de máquinas, unas para dibujar que llamaban Paragón de Keuffel and Esser, también conocidas como escuadras universales, que cada dibujante y proyectista contaba con la suya y con su equipo de instrumentos de trazo de la misma marca y otras máquinas, para calcular, las Olivetti divisumma (electromecánica) y las Facit (totalmente mecánica). Todo se resolvía con eso, poligonales, nivelaciones, lotificaciones, planos y proyectos, presupuestos, estimaciones de obra, etc. Era una empresa constructora próspera y yo que comencé desde el lugar último del escalafón en la empresa, me tenía que conformar con la Facit (para sumar se movía la manivela hacia adelante y para restar se invertía el movimiento).
Yo me daba unas apantalladotas de ver cómo tecleaban los contadores, no despegaban la vista de sus libros para localizar y oprimir las diez teclas (dígitos) sin error... pero en mi clase de topografía las mecanizaciones obligadamente debían hacerse a mano y con comprobación. Todo el grupo reprobaba porque nunca se nos permitía hacer aproximaciones ni redondeos, se calificaba la exactitud hasta diezmilésimas; no importando si el procedimiento era correcto, tenías que presentar el problema completo con sus operaciones en hojas adyacentes, demostrando paso por paso de dónde había salido un resultado.
Recuerdo que por la casa de mi abuela encontré un depósito de papel donde me vendían unas tarjetas color crema, muy baratas por millar; ahí elaboraba mis mecanizaciones; por un lado estaban impresos unos minúsculos numeritos, ceros y unos, ordenados de una manera que no respondía a una lógica decimal, vigesimal u otra por mí conocida, sólo unas larga filas de números, además tenían unos curiosos agujeritos rectangulares que ocupaban la posición de un cero, un uno, un cero,un uno, etc., etc., les decían tarjetas Bull. Abundaban por aquel rumbo, y a los niños de ese barrio les vendían unas cosas que les llamaban "suertes", un cartón al que sujetaban con juguetes. Los de los niños traían cochecitos, lanchitas, trocas, todas de hoja de lata, trompos, bolsitas de canicas, una máscara del Santo o del Bludemon; las de las niñas: sus muñecas, juegos de té, cuerdas para saltar, estuches de belleza, etc.. Todos estos premios llevaban un número asignado, que uno buscaba al comprarse unos rollos envueltos en papel de china de colores, pegados en la parte inferior del cartón, no eran otra cosa que las tarjetas Bull enrolladitas como taco, rellenas de dulces en forma de corazoncitos y un poderoso sabor a violeta, eran el premio de consolación, ya que rara vez te tocaba la diosa de la suerte.
Muchos años tardé en conocer la función original de las tarjetas elaboradas para el sistema Honeywell-Bull. Ahora recuerdo, y quizá también alguno de los presentes contemporáneos o mayores que yo, que los cheques de la tesorería de hace más de veinte años tenían esas curiosas perforaciones. Quincena tras quincena aparecían los agujeros en la misma región de mi cheque, si seré tonto, me dije, al darme cuenta que eran mi nombre y mis apellidos, el número de mi plaza traducidos a un extraño código; luego cuando me pagaron más, algunos agujeritos cambiaron de lugar, cuando cambiaba de nombramiento, aparecían otros agujeros rectangulares por otra región. Por esas épocas la publicidad hablaba de carreras cortas muy novedosas y de futuro promisorio: perforista, capturista, analista de sistemas, programador; sin embargo, en el Poli, las únicas instalaciones que contaban con esas costosas máquinas tragatarjetas eran: la Escuela Superior de Física y Matemáticas y el Centro Nacional de Cálculo.
Posteriormente, mi interés se centró en las Artes Plásticas y cuando supe de artistas plásticos como Vasarely, o Manuel Felguérez a principios de los setenta, que trabajaban con ayuda de una computadora, llegué a pensar que "eso" que hacían, había dejado de ser ARTE (con mayúsculas), aquél trabajo, transformador intencionado y sensible de la materia hecho con nuestras manos... sintiendo cómo nacen las formas... la textura de los materiales, disfrutando con el manejo de las herramientas, los pinceles, las gubias, el cincel, la maceta, el carboncillo, la goma, la tinta y el lápiz, metiendo las manos al barro, experimentando con la resina poliéster, etc., de alguna manera se alejaban de la esencia del ser sensible que yo me imaginaba debía ser el artista (mi ídolo de aquellos años era Maurits Cornelis Escher).
Por esas fechas, comenzó a circular un nuevo tipo de gráficas, impresas en lo que hoy conocemos como "forma continua"; se trataba de fotografías al "alto contraste" impresas por computadora, imágenes del Ché Guevara, de Carlos Marx, el famoso logo pacifista de Bertrand Russel, etc. Las veía y me parecían de contornos imperfectos, con el gris característico de las cintas de tela para máquina de escribir que usa cualquier burócrata, pensaba en las gloriosas luchas del Taller de la Gráfica Popular sus grabados, carteles, litografías, y ahora, el asunto se reducía a una foto mal calcada y peor impresa; sin imaginarme que de ahí a la electrografía o, neográfica o, como aquí mi maestro le llama, compugrafía, se abría un largo camino de ensayos y tropiezos; por eso, por considerarla un simplificador y simulador de las cosas reales hechas con "buen pulso", fundadas en una "ideología progresista" como la de los Posada, Manilla, Picheta al principio, y los Méndez, los Zalce, los Chávez Morado, los de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), y sobre todo, con el sudor honesto, producto del trabajo de la edición, tirajes multitudinarios, cuidando que una serie de variables como la tinta, el registro, la presión, la humedad del papel, etc.,etc., no salieran de control. Por eso, me aferraba al viejo modo de producción de las cosas (ya están circulando desde hace un rato las imágenes del subcomandante Marcos, como en su tiempo lo hicieron las efigies del rostro de Genaro Vásquez, Lucio Cabañas y Rubén Jaramillo, y les anticipo que en este año 97 voy a presentar una serie de treinta Guevaras con motivo del treinta aniversario del guerrillero heróico, recientemente hallado su esqueleto en Bolivia).
Por algún rinconcito de mi casa-taller-bodega se pueden ustedes encontrar las piedras de litografía que fueron propiedad de la fábrica del Buen Tono, son testimonios mudos de aquel modo de producción de imágenes; las heredé a la muerte de don Mariano Paredes, profesor de grabado, quien tenía el vicio de cambalachar herramienta viejita y otras chácharas. No me atrevo a borrar mis piedras con la idea de hacer ahí algo de mi cosecha, pero tampoco me interesa deshacerme de ellas.
Regresando a mi relato, mi memoria es plena de recuerdos de los años setenta, de cosas que ingresaron a nuestro entorno y léxico, como parte de un mundo nuevo, que se presentaron así de pronto para hacernos sentir que la existencia era más confortable, neologismos tecnológicos que poco a poco se fueron imponiendo y que sin darnos claramente cuenta nos han llevado a ese futuro que ensoñaba con mente infantil, y que ahora me hacen sentir medio desorientado y agradecido con la vida, frente a las modas y modos de vivir, y disfrutar este fin de siglo ecléctico, posmoderno, lleno de desencantos y desinterés, encuentros y desencuentros, depresión y una alegría casi histérica producto de la no sublimación de los deseos reprimidos. De los cincuenta, de jugar timbiriche, ahorcados, gato, carreteritas, damas, damas chinas, a las cebollitas, a la gallina ciega, al doctor, a las muñecas, a las manitas calientes, a las escondidas, policías y ladrones, etc.,etc., de ese modo de hacer las cosas emulando con tu propio cuerpo y habilidad el mundo de los adultos de antes, a jugar ahora como enajenado con las maquinitas, el “ni-entiendo”, el “ciega”y el “atarantari”, hasta los juguetes interactivos para todas las edades, en donde hasta el placer sexual se puede obtener por vía modem o fibra óptica -bueno si uno es mayor de 18 años-, y se arriesga a enviar su número de tarjeta internacional. En otras palabras de lo análogo a lo digital, del teléfono de botes, al celular, del gramófono al Discman, del televisor de bulbos a las megapantallas vía satélite, de los Picapiedra a la realidad virtual, de la paloma mensajera a las video conferencias, del fichero de la Biblioteca México a las supercarreteras de información, del chisme de vecindario a Internet, de Woodstock a Woodstock dos, de la parrilla de resistencia eléctrica al horno de microondas, del “tamal”, el “carrusel”, el “ratón loco” (los nombres tradicionales que se le asignan a los operativos fraudulentos de la democracia), a la "caída del sistema" del ‘88 y su versión ‘94: el virus inoculado al sistema de conteo del IFE que denunció Carpizo y los centros de cómputo paralelos instalados en Cuernavaca también vía satélite, con una caída peor: la de nuestra paridad cambiaria y la que ahora es generalizada: la credibilidad.
Pero eso es otro asunto que no me trajo aquí, mi intención es la de anotar y rememorar algunos procesos tecnológicos que corren a la par de nuestras vidas. De cómo una serie de aportaciones tecnológicas en las últimas décadas, diseñadas para resolver necesidades sentidas o inducidas socialmente, no siempre resultan lo confortables que uno se imagina, para ejemplo va lo que sigue: los relojitos digitales con diodos emisores de luz (leds), una luz roja imposible de ver al mediodía, los irigotes que tenías que hacer cuando te preguntaban la hora, faltaban manos para apretar el botón del reloj y hacerle casita al mismo tiempo, sostener el cigarrillo con los labios semi-apretados y los ojos llorosos por el humo, un ciego podía hacerlo más fácil en Braille. A propósito del sentido de la visión, aquí pregunto: ¿A quién carambas se le ocurrió la brillante idea de hacer monitores para computadora monocromáticos de leds sin la compañía de las imprescindibles y ridículas gafas color ámbar?

Las calculadoras electrónicas invadieron el mercado, igualmente tenían pantalla de leds, rojos, verdes, amarillos, las Casio, las Texas, pero, cuando conocí una Hewlett-Packard, científica programable con unas tarjetas poco más grandes que un boleto del metro, me quedé perplejo, era justo lo que yo necesitaba siete años atrás. Su dueño se ufanaba en decir: es casi una computadora, tú tienes en estas tarjetitas que no vienen perforadas la posibilidad de confeccionar tus programas. Me acordé de las travesuras que hacía en la casa de mi abuela con los rollos de la pianola; al final de los rollos me ponía a picarle por mi cuenta sin saber conscientemente lo que me iba a resultar y eso sonaba increíble después de Bach, Mozart o Chopin. Cuando me descubrieron ahí se truncó mi futuro como músico "acústico". Ahora sólo es cosa de tener un MIDI (musical instrument digital interfase) conectado al CPU, un programa como el Encore 3.0, el Songworks 1.4, el Master Tracks Pro 5 y, si uno de plano no sabe tocar mas que la puerta, ahí está el Miracle Piano Teaching System, o el Claire “The personal music coach”, todo esto para decir que si no te sabes las tablas de multiplicar no hay problema, el aprendizaje memorista no significativo parece que por fin ha muerto, apretando unos botoncitos con los dedos dejarás de necesitarlos como los necesitan los chamacos que no saben sumar, restar o multiplicar mentalmente.


¡Que suave!... dije cuando conocí una aplicación en Lotus 1.2.3. para la resolución del "Cross". No crean que estoy hablando de las famosas plumas, sino de un laborioso sistema de cálculo para vigas continuas que, como su nombre lo dice, cruza una serie de factores de distribución de cargas en una estructura, tantas veces como sea necesario hasta lograr equilibrar los productos de tales cargas, claros, condiciones de apoyo y factores de distribución, dando por resultado que no se venga al suelo la estructura que aquí nos sustenta. Tanta vuelta para decir: si no entiendes el fenómeno de la interacción de la fuerza de la gravedad sobre los objetos, las diferentes condiciones de apoyo de cualesquier estructura, los esfuerzos a que está sometida y sus características de resistencia como material estructural, estás como un niño de segundo de primaria resolviendo quebrados, o como aprieta-botones. Lo importante de todo esto y relacionándolo con el diseño es que si se tiene claro el concepto y el mensaje que deseamos emitir, después echaremos mano de los recursos materiales y herramientas a nuestro alcance, sean tradicionales o de tecnología de punta. El diseño no se aprende con paquetería, la computadora lo facilita, lo actualiza, lo hace compatible con las tecnologías digitales de producción.

De pronto, el mundo había cambiado, con la revolución electrónica, vinieron primero, las válvulas de vacío, luego los transistores, luego para eliminar las marañas de alambres vinieron los circuitos impresos, luego, los micro circuitos, comenzó a generalizarse la palabra computadora, “tienes memoria de computadora”, el hombre llegó a la Luna controlado por una computadora “se hacen afinaciones por computadora”, música de computadoras, películas donde la computadora se convierte en actriz, estrella o villana, discos compactos para reproducir grabaciones digitalizadas remezcladas y remasterizadas AAD, ADD, DDD, juguetes inteligentes, edificios inteligentes, el diagnóstico médico por computadora, las TAC -tomografía axial computarizada-, las termografías y casi todos los aparatos de diagnóstico clínico, ahora hasta mi médico homeópata en lugar de su voluminoso texto de materia médica que compila siglos de la similia similibus curantur (los semejantes se curan con semejantes), tiene una PC; hasta la receta la elabora con impresora, las plumas ahora se usan como signo de estatus o en su defecto para firmar cheques...
Por todos lados la digitalización, la informática, la cibernética, la robótica, la misma arquitectura se adaptaba para las condiciones de operación de aquellos armatostes, no sé si se acuerdan de los sistemas de enfriamiento, el aire acondicionado, los falsos pisos, llegué a pensar que la computadora iba a ser la tirana de los arquitectos, el diseño de los espacios interiores con aislamientos de todo tipo, ambientes controlados... Un quirófano parecía puesto de fritangas en comparación con las instalaciones de informática de la Secretaría de Hacienda, ¡no se les fueran a escapar los contribuyentes por contaminación en las memorias de sus computadoras!
En 1984 tuve la oportunidad de conocer bien las instalaciones de un centro de procesamiento regional de la misma secretaría para los estados de Morelos y Guerrero. Tan caro y complicado era el sistema de protección en el supuesto de una interrupción del fluido eléctrico, como el sistema 2410 de I.B.M. que tenía la formidable capacidad de 256 megas. Ahora con una fuente de poder ininterrumpible regulada y una computadora personal en cualesquier rinconcito de tu changarro te ríes de la vida o te ganas la vida o te juegas la vida, y te ríes de los apagones, ahora no son necesarios el aire acondicionado, ni el falso piso, ni el riguroso control de humedad y temperatura para encender una PC, no olvidemos incluir aquí a las portátiles con una autonomía increíble.
Hablando de ambientes, una de las razones que posiblemente me hacían tener un rechazo a la computación en el ambiente compatible con IBM era lo complicado que me resultaba tener que memorizar funciones desde F1 hasta F15 y manejar árboles, directorios, archivos para poder entrar en una aplicación. Tenía que pedirle frías a los que se habían memorizado las claves de acceso y los datos de los directorios. Siempre me remitió a operaciones de control propias de un administrador, o un contralor. Fue para mí un suceso conocer las PC y, bueno, no batallaba mucho cuando estaba metido en la supervisión y control de obras, para hacer los inventarios de material en bodega, controlar las requisiciones, detectar en qué obra los residentes se escamoteaban algo, o para elaborar una ruta crítica y su seguimiento. Yo prefería hacer mi diagrama de barras dibujado en un albanene, pero cuando tenía una junta con otras empresas supervisoras necesitaba pasarlo en limpio y en un formato más compacto; se veía muy mal que llegara el arquitecto a una reunión con su rollote de papel a plantarlo en la mesa del café o del restaurant y mucho menos en la cantina -lugares favoritos para resolver los asuntos de la industria de construcción-. “La presentación de los datos debe darse de forma escueta y precisa”, me decía mi jefe y... para ese propósito estaba la secretaria de la constructora, para eso había estudiado, yo... no... yo dependía de la secretaria, finalmente a las computadoras no le gustan los piropos.
Algo impactante me sacudió cuando hace diez años vi una demostración de dibujo arquitectónico elaborado en computadora, después de comparar la vertiginosa capacidad de ejecución de un plano en un plotter, comenté: ...está bien porque te ahorras una lana en comparación con lo que te sale un chambero a quien una vez que le enseñabas a dibujar con caché y estilo terminaba por irse a un despacho que le pagaría tantito más, aunque no se comparara con las calidades de línea que yo lograba a su edad y los acabados (debiese decir: acabadas de ojos). Y ni qué decir de los perspectivistas, esos genios de la representación del concepto del diseño que cobran en dólares y que hacen verse “bonito” todo diseño, ahora con Autocad, un modelador 3D o un “Dyna Perspective”, el problema de la representación se resuelve.
Todo esto lo afirmo como usuario convencido de la facilidad de acceso y operación, la ausencia de prerrequisitos, ni matemáticas, ni programación, la máquina al servicio del hombre, del ama de casa y de los niños, no al contrario, que tengas al hombre esclavo de la máquina como me platicaron de un prominente personaje de la cultura mexicana, que estudiaba en la Universidad de Pennsylvania y que para subsistir, y de paso meterse al mundo de la computación, se rentaba como “carne de cañón” de una máquina traga tarjetas y traga hombres.

Fue hace relativamente poco tiempo que comencé a experimentar la necesidad real de utilizar esta “maravilla de la tecnología moderna”, parafraseando a los filósofos de banqueta y/o merolicos. Confieso que me daba una enorme pereza ponerme a mecanografiar mi ridículum, con cada nueva actividad me decía: Luego lo actualizo, y de pronto saltaba la urgencia de presentarlo y ni modo, o me daba tiempo para presentar algo decente, o como finalmente sucedió: le parchaba y le agregaba. Hasta que me cayó el veinte, si pudiese meterlo en un diskette, e ir clasificando por rubros diferenciados mi paso por la vida, sin corrector, ni hojas que una vez salidas de la máquina de escribir, jamás lograba hacer coincidir márgenes y renglones. Fue cuando, al mismo tiempo, llegó aquel concepto de la reconversión de la planta industrial, la modernización educativa, etc., decidí buscarle, y que además que no me desviara de lo que me gusta hacer: dar mis clases, pero me encontraba a diario con que mis alumnos se esmeraban en presentar sus trabajitos en computadora plagados de errores tanto ortográficos como de contenidos, conceptos o resultados de investigación, pero con una tipografía envidiable y una limpieza inmejorable. Como solía exclamar mi abuela: "están como las muchachitas de mi pueblo, con la carita muy pintada pero con los calzones sucios"; sin embargo, esos trabajitos escolares dejaban en mí señales de otro tipo, debía actualizarme urgentemente, se dice fácil pero, ¿a qué horas? y lo que es peor: ¿con qué recursos? Así comencé, surgieron los cursos de introducción a la PC. El resultado de los cursos introductorios era bueno y motivador, pero todos conocemos el problema de que lo aprendido si no se ejercita se olvida, además nunca compré una PC, hasta que vinieron las Mac a esta institución. Otro curso introductorio y a volar solo ya que otra de las cualidades de la plataforma Mac, es que te permite dos o más posibilidades de entrar a la aplicación deseada por el sistema de iconos y comandos, no de directorio de ocho bytes, te “enseña” es decir la manzana “sí sabe como hacerlo”, mejor aún, te conduce por un proceso de autoaprendizaje, aunque no leas todo el manual que acompaña al software. Puedes apoyarte en una carta de referencia abreviada que luego abandonas porque ya aprendiste a trabajar con la máquina.
Luego obtuve una beca para un curso de diseño de espacios escenográficos y control digital de iluminación y efectos especiales en la Escuela de Teatro de la Universidad Cristiana de Texas, producto de un intercambio académico con el INBA el año 94. Esa experiencia me mostró otro panorama de aplicaciones un mundo que nada tiene que ver con los trabajadores de corbata y cuello blanco. Aquí aprovecho para mencionar el espectáculo multimedia que sus satánicas majestades, venerados por tres décadas más las que acumulen, los Rolling Stones, nos brindaron en el Voodoo Lounge, si tuvieron la oportunidad de estar ahí, o en cualesquier otro, el de U-2, o el de Pink Floyd, o en el que más les haya gustado, son imprescindibles las computadoras para ejercer un control en toda la parafernalia de luz y efectos que nos retacaron. Qué tal esas lenguas warholianas aderezadas con lujuriosas púas en una animación al tipo realidad virtual, o la sincronización perfecta del audio y el video de la megapantalla con los efectos de rayo laser, y las cuidadas secuencias de cambio de iluminación, los quemadores de gas tipo lanzallamas y los fuegos artificiales. Ese tipo de controles y medios de producción solo son posibles gracias a la aplicación de la tecnología digital. mientras la industria del cine está cumpliendo sus primeros cien años de glamorosa vida, en los pocos minutos que duró la rola “Mujeres de Honky-Tonk” del mencionado evento Stoniano, nos pudimos agasajar la vista con las divas y sexsymbols de la última centuria, esperemos que pronto se les ocurra a los cerebros comerciales del rock y multimedia, producir con el material de esta gira un video interactivo en disco compacto como el Explora, del no menos célebre Peter Gabriel, o de perdis un compact disc interactivo para tener la posibilidad de juguetear en la pantalla con Marilyn Monroe, llena de botones secretos, cambiantes e invisibles que se activen “on mouse roll up”, o de perdis dejarla en “freeze”, o hacerle un “screen saver” con animación y música de alguna de sus canciones .
Y aquí me tienen, hablándoles de algo que quizá a ustedes no les resulte tan largo y sinuoso como yo lo viví. Estoy seguro de que no va a ser así, por la capacidad y experiencia de nuestro equipo de instructores y su coordinador; la voluntad y empeño que los compañeros de la unidad de Postgrado y ACADI le dedican a todo lo que se proponen realizar. Saludos para ellos y para desearles a ustedes el mismo o mayor éxito que tuvieron el primero, segundo, tercero y demás Diplomados, que espero se repita muchas veces. Agradezco el favor de su paciente y amable atención, pidiendo a ustedes un último favor, si no les gustó no se vale lanzar NATAS.

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Actualización Versión 3.0 Estoy haciendo lo posible por poner la presente conferencia en html y luego meterla en mi página de la Escuela Nacional de Artes Plásticas), les doy mi dirección electrónica: abelmont@servidor.unam.mx -Read Me please-, o, visite my site o emailéenme para saber sus opiniones, comentarios y sugerencias.
Quisiera haber podido enviar en video-conferencia en tiempo real desde la red local de la escuela donde estoy comprometido todos los sábados impartiendo un curso de Técnicas de represión (sic), -hoy me tuve que salir como los chicos que pintan venado-, pero resulta que la posmodernidad y la modernización aún no se hacen presentes en este Instituto, y la tecnología electrónica aplicada a la computación y a las comunicaciones y me refiero a las que se pueden establecer realmente entre los individuos como nosotros, aún no se generaliza, por lo tanto tuve que venir a martirizarlos con esto, cuando lo pudimos poner en simple text y seleccionar la funcion (speak all) con la voz de Catalina o Carlos en Español Mexicano (sic) y que se las hubieran distribuído a cada uno de ustedes para que se divirtieran moviéndole a los -settings- de la velocidad de lectura en voz alta, característica del sistema 7.5.3 pero ¡oh! frustración la semana pasada me entero del lanzamiento del sistema operativo 8 y que todavía le permitirá a mi cansado procesador 68040 disfrutar en cosa de unos meses más mi actualización del Mac OS 8 -eso sí en Español Mexicano (resic)- Que este de lo análogo a lo digital se está volviendo un dinosaurio, pues desde que lo escribí en una Powerbook 145 con finalidades terapéuticas ha recibido una que otra actualización y ahora veo que: debo de incluír la noticia de la aparición del Disco de Video Digital (DVD) que pronto desbancará al CD-ROM, que aún creo en las cámaras Digitales y que no me he podido comprar una, que ¡por fín! se les ocurrió a los de la Mac incluír dispositivos de almacenamiento portátiles mayores al floppy de 1.4 MB, el zip y el jaz son nuestros estándares de almacenamiento, que cuando escribí por pimera vez esto era impensable hablar de procesadores 603 y 604 y velocidades de 300 Mhz. Que la Virgin records sí lanzó un un CD interactivo del Vodoo Lounge, no se midieron en la interfase, pues es navegable en 3-D, se pueden hacer miles de combinaciones en el VodooRaver, y que muchas de las imágenes proyectadas que se produjeron para la gira mundial se reciclaron en el CD. Que debo de confesarles mi adicción al MacFormat con CD, al MacWorld, al MacUser, a El Mac, y a la sección de informática del Reforma y que resulta imposible asimilar todo lo que te retacan de informaciones en un mes, o semana tras semana, por lo que recomiendo que si son aficionados a comprar revistas especializadas se compren las más baratas en español de España, o, Mexicano, de todas maneras la información llega a la misma velocidad de la tecnología, o sea atrasada. Que nunca fué un texto no lineal, -aunque me parece que lo estoy haciendo circular-, que no es interactivo, (por eso me he visto en la necesidad de hacer mil “panchos” o performar como dicen los chavos) y de hacer instalaciones efímeras, que no tiene hipertexto, que no es navegable, (más bien es naufragable), que puedo editarlo y hasta hacer uno más animado. Que un buen día del mes de Mayo de 1997 apareció en número 2 de la revista Matiz un par de narraciones cuyo autor tiene nombre de mercado de fayuca (Gabriel Meave), con características circulares y tocando el mismo tópico, sólo que a mí me me lo publicaron en la Gaceta de Educación Artística del INBA un par años después de haberlo enviado para aprobación del consejo editorial de la misma desde Diciembre de 1994. Que la trigonometría me sirvió para hacer trabajos de reconstrucciones hipotéticas de la Arquitectura tolteca en la gran Tollan-Xicocotitlan, pude calcular la altura de los techos y su pendiente a partir de las huellas de goteo de la lluvia. En fin: que el mejor momento para meterse de cabeza en esto de la informática, cibernética, compuedición, infografía, multimedia digital interactiva, DTP, Netscape, ClarisEmailer, Turbo Gopher, Pagemill, Autocad, Illustrator, FreeHand, Scketcher, Painter, Photoshop, Live picture, Infini-D, Strata Studio, Extrme 3-D, Director, Authorware, Hypercard, Sound Edit, ResEdit, Premiere, etc, el mejor momento, como dice mi maestro en Artes Visuales: es éste, el presente, o, como dice mi jefecita:
Así está esto del negocio de las manzanas multicolores.

** Arturo A. Díaz Belmont, egresado de Arquitectura en el IPN y Maestro en Artes visuales por la UNAM, colaboraba en la EDINBA como Coordinador del Area de Apreciación-Expresión-Representación. Desde hace poco más de dos meses se ignora su status académico; salió de casa con rumbo del cerro del Ajusco conduciendo su bicicleta de montaña, el 4 de Septiembre de 1994, se rumora que tuvo Fx múltiple, pudo haberse distraído un segundo al dirigir la mirada hacia el velocímetro computarizado de su bicla, para ver si rebasaba su récord de máximo kilometraje en downhill. Sus amigos y compañeros del deporte le buscan infructuosamente todos los fines de semana por los habituales sitios donde solía realizar sus travesías, como señas particulares usa “walkman” y anteojos de “espejito”, ostensiblemente pasado de peso, a consecuencia de no salir a hacer ejercicio, por estar conectado a la Red, se compró su AB-Resist y su rodillo para los pies, los usa sistemáticamente cada vez que su Mac tiene problemas,le saca bombas el sistema, se mete a sitios que le congelan la máquina –Warez por ejemplo–, y tiene que rebootear, o restartear.

martes, mayo 17, 2011

México-Coyoacán

México-Coyoacán by Belmoniaco
México-Coyoacán, a photo by Belmoniaco on Flickr.

Mi abuelo Alberto Belmont Alpízar (de pié, segundo de izq. a der.) trabajó como chofer de ésta línea de autobuses urbanos de pasajeros, luego en la General Anaya Magdalena Contreras y Anexas. Esta foto debió ser tomada en los primeros años de la década de los 20's . Alguna vez me contó mi madre que el abuelo se había envuelto en un accidente de tránsito chocando contra un tranvía. No tengo más elementos para afirmar con certeza si se trata del accidente del 17 de septiembre de 1925 donde viajaban Alejandro Gómez Arias y su entonces novia Frida Kahlo Calderón.

Foto: archivo A.D.Belmont.

lunes, mayo 09, 2011

El sobreviviente

Javier Sicilia

Toda ausencia es atroz

y, sin embargo, habita como un hueco que viene de los muertos,

de las blancas raíces del pasado.

¿Hacia dónde volverse?;

¿hacia Dios, el ausente del mundo de los hombres?;

¿hacia ellos, que lo han interpretado hasta vaciarlo?

¿Hacia dónde volverse que no revele el hueco,

el vacío insondable de la ausencia?

Hacia ellos, los muertos, que guardan la memoria

y saben que no estamos contentos en un mundo interpretado.

Mas las sombras, las sombras que la interpretación provoca

y nos separa de ellos,

las sombras con su viento todo lleno de la abierta ventana hacia el espacio,

las sombras donde no hay anunciación

trabajan nuestro hueco.

¿Será que ya no hay nada atrás de ellas,

o el oscuro dolor por nuestros muertos

–como el amanecer que empieza a media noche,

a la hora más oscura de la noche
–
anuncia su retorno en el sigilo?
¿No es tiempo de encontrarlos nuevamente

donde nada parece retenerlos,

así el roshi descubre el todo en el vacío que

no contiene nada?

Tal vez sí, porque sus voces vienen de los oscuro,

de su vacío vienen

como un rumor de río en un riachuelo,

como un dulce reclamo imperceptible,

como una tenue estrella entre las sombras

vienen sus voces, vienen desde lejos.

Óyelas, corazón, como sólo los monjes sabían escucharlas

atendiendo en el rezo su incesante llamado

con los pies en la tierra.
Así los escuchaban,
escuchando el arriba y el abajo,

preservando en sus tumbas el suelo que habitaron con nosotros.

No es así que tú puedes escucharlos en el espacio en sombras

de un mundo interpretado.

Pero escucha la queja de lo Abierto,
el mensaje incesante, esa advertencia que viene desde lejos,

ese rumor tan suave que casi nadie escucha

y llega a ti de todas las iglesias,
como si en esas piedras, que guardan la memoria de los muertos,

habitara la llama de su estar con nosotros,

de su sola presencia en la resurrección,

y descorriera un poco nuestras sombras.

Porque es difícil vivir en el mundo sin ellos,

difícil no sentir a nuestros muertos alimentando las obras de los hombres;
difícil no seguir sus costumbres, que apenas conocimos;

difícil habitar en las sombras

como un alucinado que repentinamente recobra la memoria

para luego volver a su intemperie;

difícil ver aquello que los hacía nuestros flotar en el espacio y diluirse.

Estar vivo es penoso,

y nosotros, nosotros, que los necesitamos con sus graves secretos,

nosotros, que sabemos que no podrán volver a un mundo interpretado,

a veces escuchamos, como un ligero viento, ascender de las sombras

la música primera

que forzando la nada trajo a Eurídice al mundo;

una nota tan tenue, tan pura como el Cirio

que promete su vuelta en medio de las sombras

y nos trae el consuelo.

Tomado de Tríptico del desierto, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2009.

viernes, abril 01, 2011

espacio sociópeto

espacio sociópeto by Belmoniaco
espacio sociópeto, a photo by Belmoniaco on Flickr.

Una de las cualidades de la reciente intervención en la Plaza de la República en la Ciudad de México, es haber convertido este espacio urbano de: Sociófugo en Sociópeto de tiempo completo; en los últimos 50 años esta plaza ha tenido vocación variable en cuanto a su uso, recuerdo que por algún tiempo llegó estar abierta la circulación de vehículos por debajo del monumento diseñado por Carlos Obregón Santacilia con esculturas de Oliverio Martínez. Después del sismo de 1985 esta plaza decayó aún mas en su imagen urbana pues varios de los edificios circundantes quedaron muy afectados, se convirtió casi en no lugar.
Varios intentos de reuso se le han propuesto –incluso como espacio destinado para realizar manifestaciones y actos de protesta pública sin provocar caos vial–, también un rayo láser instalado en su parte más alta a la manera de la torre Eiffel, casi todas sin éxito. La renovación para conmemorar el centenario del inicio del movimiento armado de 1910 ha logrado generar un interés lúdico inusual por los habitantes de la capital.

jueves, marzo 31, 2011

lunes, enero 18, 2010

una familia moderna: 1957


una familia moderna: 1957, originally uploaded by Belmoniaco.

Un buen día se apareció el abuelo Roberto con su cámara Kodak retina, nos convocó a salir a tomarnos una foto en los jardines del Centro Urbano Miguel Alemán.

Mi hermano menor aún no cumplía el primer año de vida, era el consentido no solo por ser el xocoyote sino por que dos años antes mi madre había perdido a otro hermano que solamente vivió unas cuantas horas. Sufrimos mucho ese momento que por coincidencia era dos días antes de mi cumpleaños cuatro, nadie reparó en ese detalle, fué mi cumpleaños más triste.

Mi padre trabajaba en la extinta Mexican Ligth & Power company antecesora de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, había obtenido en 1951 su nombramiento de trabajador de base y gozaba de estabilidad económica. En el año de 1956 con el fondo de ahorrro mi padre compró un flamante refrigerador marca IEM.